CAPÍTULO
VII
“LA INQUIETUD DE
LOS SUEÑOS”
Era su obligación el ver que su hermano no desate caos en los mundos, sobre todo en el mundo humano al cual bajaba muy seguido para divertirse, en pocas ocasiones el hizo lo mismo cuando era joven, unos trescientos años atrás, sin embargo después que vio la forma como estos se mataban entre si, decidió no intervenir. Pertenecía a una estirpe de demonios que se encargaban de recolectar almas en condena, los que habían cometido crímenes sean jóvenes y niños, simplemente eran tentados por hacer cosas que perjudicaban a los demás, es allí donde su estirpe intervenía, a ellos los llamaban “los devoradores”, por que una vez que identificaban a sus victimas los mataban de la peor forma, no solo destrozando su cuerpo en mil pedazos sino que comían su alma de esta forma sobrevivían por más años.
—
“¡Los humanos son como recipientes vacíos!, sus almas están podridas” —había
comentando su hermano quien acababa de asesinar y cortaba los brazos y piernas
con sus filosas garras, el crujido de cada uno de los huesos, le divertía.
“¿Deberías tomar uno de estos cuerpos y ayudarme Sei?”.
El
joven saltó del árbol donde tomaba un descanso y remetió con fuerza hacia los
desfallecidos, “si no fueran una banda de
asesinos sueltos, sus vidas no terminarían de esa forma”.
—
“No lo lamentes hermano, solo mátalos jajaja” —crujió los brazos de otro.
— “Eso hago, solo que con todo lo que eh
vivido es decepcionante ver el daño que pueden causarse entre su misma especie”
—afirmó haciendo volar en mil pedazos a la persona que tenia en frente
mientras uno de sus brazos atrapaba su alma y la empezaba a comer lentamente. “La forma en que nos alimentamos es
prácticamente de la basura humana… es tan humillante…”.
—
“Si, pero no lo veas de esa forma Sei, ve el lado divertido, exterminamos a los
indeseables de otros mundos jajajaja y sus almas jamás podrán rencarnar una vez
que la devoremos” —sujetó el cráneo de otro entre sus manos como si se tratase
de una piedra, la cual lanzó hacia el de cabellos blancos. “Terminemos de una
vez y vayamos a la aldea siguiente”.
— “Si, pero no me gusta estar cubierto de
sangre, prefiero tomar sus almas de un solo golpe” –comentó el otro.
—
“Si, yo siempre hago mucho lodo con la sangre de sus cuerpos, jajaja es que me
divierte el sonido de sus huesos romperse entre mis garras” —una sonrisa se
dibujo en el de cabellos negros.
— “Solo te recuerdo que no acabes con vidas
inocentes, si no el tiempo de vida será restado, es la regla de nuestro padre y
debemos obedecerla o recibir el castigo de…”.
—
“¡No lo menciones!... de solo imaginarlo hace que mis garras se encojan del
susto, puedo saltearme unos diez años por matar a estorbos que encuentre, pero
el rehusarme por completo a desobedecer a nuestro padre, va por sobre toda las
cosas, nunca haría eso”.
— “Al menos ya lo comprendes”, se alejó
entre vientos.
—
“¿Ya te vas?” —rezongó como niño pequeño.
— “Si, te eh ayudado con la mitad además
prefiero peces más grandes” —sonrió.
—
“¿¿¿Ah???, ¡no es justo!, te quedas con las almas de los infantes mientras que
yo con las sobras, ¡no es justo!” —hizo puchero— “el alma de los más pequeños
valen por dos” —le miro de reojo— “claro, por eso es que tu figura tan
brillante y belleza no desaparece con el paso de los años, grrrrr”.
— “Suerte de ser el mayor y legítimo jajajaja”
—comentó antes de desaparecer, mientras el otro continuó con sus planes en
atacar a la siguiente zona.
Entre
los escombros del último incidente en la vieja aldea había despertado una joven
que trabajaba en la tienda de su abuelo, su ceguera y su avanzada edad no le
permitía ir al pueblo, responsabilidad que había tomado como su única nieta, sus
cabellos de la joven eran ensortijados castaños y con filos dorados, de
naturaleza humilde y solidaria con sus semejantes. Pero ese día era distinto al
resto, unos demonios habían destrozado las aldeas vecinas y esta vez su pueblo
no había sido la excepción, con múltiples incendios a su alrededor la joven se
había despojado de los escombros y caminaba con dificultad por sus heridas,
ayudando a los pocos sobrevivientes pero en su intento se tropezó con un ser de
ojos muy grandes y verdes, de filosos dientes y con cabellera alborotada, su
traje era muy extraño y diferente a los que ella había visto, pero lo que le
llamó la atención fue que en sus filosas y grandes garras tenia una cráneo y en
el otro un brazo humano el cual tiro sin cuidado a un costado. Sus ojos
celestes se tropezaron con los verdes con todo el horror que podía imaginar lo
que pudiera sucederle.
Este
la tomó del cuello y dejando sus pies en el aire, saboreó a su presa antes de
matarla. A pocos segundos de que sus largas garras destrocen el cuello de la joven
se escuchó una voz entre vientos, el cual agitó la cabellera del asesino.
— “¿Qué intentas hacer hermano?, acaso no ha
sido suficiente el haber acabado con casi dos pueblos, si continuas tus años de
vida disminuirán”, la voz se hizo más fuerte para ambos.
—
“Solo gozo matando a estos miserables humanos, no deberían existir” —respondió
el otro apretando el cuello de la chica que a duras penas respiraba.
— “Pero ella es inocente, ¡detente!”, se
alzó una mano pálida y su pariente se hizo visible ya no envuelto entre vientos
sino tomando una figura, sus cabellos blancos, ojos rojos y la total seriedad
que manejaba hizo que este soltara a la chica dejándola caer a sus pies del
otro.
La
joven con total asombro de seguir con vida observó a quien le había salvado y
encontró a otro joven envuelto de ropas blancas y de extrañas costuras parecían
ser hechas de animales —continúo observándole mientras este discutía con el que
mencionaba ser su hermano— sus garras cortas, manos pálidas tan elegantes y de voz firme, su
cabello era muy largo casi llegaba a los tobillos —pensó— “¿qué clase de
personas son?... no parecen humanos… aun así debo agradecerle”.
—
“¡Te arrepentirás Sei!” —bufó el otro con cólera de no poder matar a esa
humana– “¡nuestro padre se enterará de esto!”.
— “No importa, soy dos años mayor que tu y
tengo nuevas obligaciones que cumplir y una de ellas es corregir a mi preciado
hermano menor, tus acciones están bajo mi supervisión, recuerda las reglas de
padre” —aseveró con calma.
—
“Argggggg” —volteó de coraje, sacó sus alas empezando a volar y alejarse de
ahí, diciendo— “¡No siempre estarás para protegerla!, en el menor descuido la
mataré jajajajajajajaja y quiero ver tu cara cuando eso suceda jajajajajajaja”.
El
sujeto frunció su ceño blanco esta vez su hermano había ido muy lejos y por
primera vez lanzaba una amenaza la cual se podría arrepentir, le conocía lo
suficiente para tomar sus palabras muy enserio, dio vuelta y observó a la
muchacha, “tan indefensa como un pequeño conejo”
—pensó y le dijo— “¿eres un conejo
perdido?...”
—
“¿Conejo perdido?” —repitió la chica con una interrogante en su mente.
— “Si”, se dispuso a retirarse entre
vientos no sin antes escuchar una palabra de muchacha.
—
“Gra... Gracias… por salvarme”. La joven en medio de vientos vio como el
desaparecía sin dejar rastro alguno. “Quien quiera que seas… gracias…” —asintió
y continuó su camino a casa, las cosas no habían salido bien para la familia
con esta nueva devastación tenían que buscar una nueva aldea donde poder
trabajar y estabilizar la salud de su abuelo.
Después
de varios meses y ambos se habían instalado en otra aldea donde había más
comercio, sus ventas de artesanía y telares habían aumentado, sin embargo su
salud decayó un poco. No había dejado de pensar en aquel chico extraño que le salvó
en aquella ocasión, se sonrojaba cada vez que su recuerdo le llegaba a su
mente. Continuó caminando, esa tarde empezó a llover y debía cruzar el puente
junto al bosque para poder llegar pero su visión se había puesto nublosa, sus
mejillas estaban rojas y no paraba de sudar, se sentía débil pero aun así
caminaba— pensó— “debo ir más rápido antes que la fiebre aumente…”.
— “¿Intentas morir después que te salve la
vida?” —se escuchó una voz.
Ella
siguió caminando ignorando lo que escuchaba, tras varios metros después
nuevamente comenzaron las interrogantes.
— “¿No piensas responder? o es que acaso no
me recuerdas?...”. Al notar que no había respuesta alguna de ella, este se
presentó en medio de vientos y se colocó delante de la joven cruzado de brazos,
“¿por qué me ignoras?”.
La
chica se detuvo al verlo y dijo— “no lo
ignoro y si lo recuerdo, solo que…” —asintió— “pensé que si le respondía
nuevamente se iría como esa vez y no iba a poder darle las gracias como debe
ser”.
— “¿Como debe ser?...”, se extrañó el de
cabellos blancos colocando dos de sus dedos con finas garras sobre su mentón, razonando
que cosa era lo que intentaba decir la chica, a los pocos segundos ella sacó
algo de su bolsa y le extendió con su mano un collar el cual tenia tallado el
nombre de Sei, este abrió sus ojos por la sorpresa y ella le dijo— “en aquella ocasión
pude escuchar mientras discutía con ese señor y mencionó su nombre… Sei”.
— “Si” —respondió el aceptando el
obsequio en silencio y solo con el sonido del viento y los pájaros del bosque.
Quedó observando de reojo a la chica la cual empezaba a temblar por la fiebre.
Extendió su brazo hacia ella y la rodeó llevándola consigo en medio de un
vórtice de viento.
—
“¿A donde vamos?” —dijo débil mientras estaba por los aires con el.
— “A curar esta fiebre, tu salud es pésima” —afirmó
el cortante como acostumbraba serlo y con gesto huraño.
—
“Gra…gracias” —comentó y a la vez colapsó en sus brazos. Este al notar que no
reaccionaba se apresuró en llegar a la cueva y de una fuente utilizó una hoja
para darle de beber.
— “Vamos despierta”, su ceño se frunció
al ver que no respondía. Pese al corto tiempo que la había observado por la
total amenaza de su hermano, no entendía como se esforzaba por ayudar a ese
anciano que tenia el olor a muerte, el sólo pensar que ella muriese hizo que
una angustia se apodere de él abrazando el cuerpo con fuerza, “Vamos despierta, ¡debes despertar!”.
La
chica abrió sus ojos casi sin creer que éste la tenía abrazada con tal fuerza
que podía romper sus huesos y le dijo— “intentas quitarme el aliento con este
efusivo abrazo”.
El
solo poder escucharla y decirle eso, hizo que la soltase con la misma fuerza
que la había abrazado, como si su sangre le hubiese quemado. Ella le observó y vio
que a un costado estaba una hoja con agua la cual estaba intacta, “¿esta agua…
es para mí?” —preguntó.
— “Si, apresúrate en beberla y vete” —comentó
frio y con el ceño fruncido. “El agua de
esa fuente es curativa” —pensó, siempre que salía herido de pequeño acudía
a ese lugar.
—
“Pero… como se supone que vaya a donde vivo, si estoy en lo alto de un cerro” —dijo
observando a lo lejos el paisaje.
— “E-es verdad…”, le surgió una gota, “te llevaré de vuelta…”.
—
“Gracias” —sonrió.
— “¿No tienes miedo de mi?” —preguntó,
por qué era raro ver a una humana sin que de un grito al ver a un demonio, él
era uno auténtico y podía optar la elegancia y fuerza que los no legítimos.
—
“No” —dijo tranquila— “usted no es malo como…”.
— “Como mi hermano” —completó la frase y
camino alrededor de ella meditando– “sabes
que soy un demonio y que mato personas como tu…”.
—
“Si… sin embargo usted es diferente” —sonrió.
— “¿¿Diferente??” —empezó a reír— “SOY EL MÁS DESPIADADO DEMONIO QUE TODOS MIS
HERMANOS Y” —no terminó lo que iba a decir por que la chica había quedado
abrazada de su espalda diciendo— “por más despiadado que diga ser, así no sea
un humano… yo…” —se sonrojó— “yo…”, ella le había gustado desde el momento que
lo conoció pero no tenía forma de decirlo por que después de aquella ocasión no
le volvió a ver.
El
volteó y le sujetó sus manos y le levantó su mentón, observando el sonrojo de
su rostro, podía sentir los latidos rápidos que daba el corazón de la chica,
todo un mar de emociones las cuales no supo en que momento lo habían envuelto,
no podía negar la fuerte atracción que tenia hacia la joven humana, “es hermosa”, al pensar eso, un caos se
desató en su mente, “los demonios no
podemos relacionarnos con humanos, no, no puedo…”, su mente se negaba pero
su corazón latía con la misma fuerza que la chica ante sus ojos, quien seguía
murmurando lo que sentía.
—
“Yo te amo…”, finalmente la chica dijo lo que no quería oír, su mente trabajaba
a mil por que eran tantas emociones que nunca había experimentado con una humana
que lo abrumaba, este le respondió— “¿eres
un conejo perdido?...”.
—
“Si”.
Este
la abrazó ante su respuesta, diciéndole—
“aunque tu temperatura sea
diferente a la mía, nuestros corazones laten al mismo tiempo con la misma
fuerza que un conejo perdido antes de ser devorado” —sonrió al aceptar sus
sentimientos por ella— “eres mi presa…”.
—
“Lo se… ahora entiendo tu frase” —comentó— “pero sabes…” —le continuó abrazando—
“soy una presa afortunada”.
— “Eres una presa tonta” —aseveró él.
—
“Y tu, un tonto masoquista” —sonrió.
Ambos
después abrazarse, el la soltó y luego la sujetó de la cintura, ya su fiebre
había pasado pero sus mejillas aún seguían sonrojadas, eso simplemente le
provocaba hacer una cosa y era tocar esos labios rojos, eso hizo y la chica se
hizo aun más roja, “¿q-q-que haces?”, y este le respondió— “es la marca de mi sello, nadie de mi familia puede tocarte, solo yo”.
—
“Anochece” —dijo ella observando que estaba oscureciendo— “mi abuelo espera por
mi”.
— “Es cierto, debo llevarte de vuelta”, la
sujetó hacia él y en medio de vientos la llevó entre sus brazos, después de cientos
de años se sentía feliz y prefería no pensar en lo que sucedería cuando su
familia se entere.
Al
dejarla en la vieja casa este acarició sus cabellos con benevolencia hacia la
joven, como si se tratase de un cristal muy fino al que podía romperse con
mucha facilidad, la delicadeza la practicaría con esa mujer quien la había
hechizado por completo, se juró así mismo protegerla desde que su hermano
intentó matarla, sin embargo el vigilarla cada día por esos meses, se había
vuelto una obsesión extraña, “¿por qué
debo cuidar de una vida humana, si tarde o temprano morirá?, ¡soy un estúpido!”
—son una de las muchas cosas que su mente se repetía cuando estaba cerca de
ella sin que ella lo notase. “El afecto
humano es todo un misterio de emociones en cadena, esas cadenas te atan más y
más sin poder detenerte y van creciendo hasta hacerse tan fuerte, donde lo
único que te interesa es que ese sentimiento sea igual del otro lado” —pensó
y sonrió viendo entrar a la chica a su recinto— “que tonto masoquista soy…” —sonrió al recordar las palabras de
ella y respondió para sí mismo— “tienes
razón, soy un tonto masoquista por que puedo matarte en cualquier momento, sin
embargo no lo hago, por que soy el ser más afortunando al tenerte y saber que
me amas”. Los gritos de ella en el interior de su casa lo habían sacado de
sus pensamientos, entró rápido y la encontró llorando sobre el cuerpo exánime
de su abuelo. “El olor a muerte se ha
intensificado, un humano más a dejado este mundo” —pensó al mismo tiempo
que se acercó a la muchacha y cerró sus ojos murmurando— “siento tu pérdida pero tarde o temprano iba a suceder…”.
La
chica empezó a sollozar diciendo— “lo se…” —continuó llamándole— “¡¡¡abuelo!!!...,
¡¡¡abuelo!!!...”, varias veces hasta que él se apartó y desapareció al notar
que personas vecinas habían escuchado su lamento. Después de pocas horas lo enterraron y ella
quedó sumergida en sus pensamientos. “¿Qué es lo que debo hacer ahora?...”, ya
no tenia a ningún pariente con vida, ella era la única sobreviviente de la
familia Xing y con la mirada perdida se quedo sentada abrazando sus rodillas sola
en silencio total al pie de su tumba. Cuando la presencia de Sei apareció a su
costado y le dijo— “¿él era tu única
familia cierto?...”.
—
“Si”.
Él
se acercó y le tomó las manos tibias de la chica, cruzando su mirada escarlata
con los celestes, diciendo— “ven a mi
lado y nunca más estarás sola”.
Al
escucharle se sorprendió y al mismo tiempo le abrazó diciendo— “gracias”. El
recibió su abrazo y se la llevó entre vientos. En lo alto le preguntó— “¿qué lugar es tu favorito?”, ella feliz
le respondió— “el bosque cerca del lago” —sonrió y a la vez indagó— “¿porque?”.
“Sabia que dirías eso” —pensó y a la
vez le dijo bajándola al pie del lago, ¿vez
esa cabaña?.
—
“Si” —contestó ella y preguntó— “¿qué tiene esa cabaña?”.
— “Esa cabaña va ser donde viviremos” —dijo
el.
—
“P-pero… como fue que…” —parpadeó.
— “Sé que te gusta el bosque, por que siempre
vienes a recoger frutos” —comentó y escuchó la risa de la chica, su
seriedad le invadió nuevamente, pensó— “porque
rayos no sabia lo que ella pensaba, se maldecía a si mismo” —y le dijo— “¿qué es lo gracioso?”.
—
“Que después de todo aun no sabes mi nombre” —continuó riendo.
—“Ah… es que… es mejor que no lo digas”,
vio que una tormenta iba a comenzar. “Entra
a la cabaña o pescarás alguna enfermedad”. Unos vientos giraron alrededor
de éste, anunciando su partida.
—
“¿A dónde vas?”, le observó del mirador del recinto.
— “Debo de hablar con mi padre sobre lo que
pasa, antes que mi hermano lo haga y eso si es un problema” —respondió con
la seriedad que acostumbraba.
Ella
asintió y le sonrió diciendo— “cuídate, por favor…”.
— “Si”, fue lo último que escuchó de él
antes que desaparezca.
El
alboroto que había era poco, la mayoría de sus hermanos y familia protestaban
por lo que su hijo mayor había dicho, su padre estaba en total desacuerdo,
mientras su hermano menor Zeng, le reclamaba y le echaba la culpa a la humana
como causante de toda la decisión de Sei.
— “Ella no tiene la culpa de mis acciones
padre, soy yo quien decide abandonar mi reino y ceder mi lugar a mi hermano
como sucesor al trono, es mi decisión y espero que la respeten”.
—
“¡ESTAS SEGURO DE LO DICES SEI!, eres consiente que vivirás el resto de tu
eterna vida con una humana, con el castigo de verla morir y cuando eso suceda
la primera regla se activará en ti, como una maldición la cual te matará, ¡¡¡ESTAS
DE ACUERDO CON ESO!!!”
— “Si” –asintió.
—
“¡¡¡No!!!, ¡¡¡por favor hermano!!!, ¡¡¡reacciona!!!, ¡¡¡eres el mejor sucesor
al trono que yo!!!, además que puede ofrecerte una humana inútil con su corta
vida a comparación de vivir por siempre entre nosotros” —continuaba protestando
Zeng.
— “Si no hay nada que agregue, dejaré este
mundo enseguida, tal y como la primera regla lo dicta”.
—
“No tengo nada más que decirte Sei, vete en contra de la voluntad de tu padre
por rechazar y romper la leyes de tu mundo”. Fue lo que dijo el autor de sus días,
mientras el salió caminando, abandonando el salón el cual se enardeció de
murmullos y protestas.
— “Lamento decepcionarte… padre, pero amo a
esa humana más que mi mismo e incluso supera el afecto que puedo tener con mi
propia familia, es tan fuerte que no me arrepiento de mi decisión” —meditó
y en medio de vientos despareció del castillo, su hermano que lo había perseguido hasta las
afueras del lugar, apretó sus garras y su mirada de rencor apareció, diciendo—
“odio a esa chiquilla” —pensó— “cuando ella muera” —una sonrisa siniestra
apareció en su rostro– “lo lamentarás hermano…”.
La
tormenta estaba azotando la aldea, mientras en el interior de aquella cabaña la
chica se preparaba para acostarse, al apagar la linterna un rayo retumbo el cielo,
la cual la hizo saltar, al mimo tiempo que la puerta se abría y una sombra
ingresaba al lugar. Los truenos y relámpagos iluminaron la noche y ella pudo
ver a Sei el cual estaba avanzando hacia donde estaba ella. Su mirada guardaba tristeza
y melancolía en sus ojos escarlata, estaban temblorosos y ella sólo atino a
abrazarle, diciendo— “lo siento… debe
ser duro para ti el enfrentar a tu familia por mi”.
— “No te preocupes, ellos ya conocen mi
decisión”.
Ella
se sentó en una de las sillas, mientras el colocó su cabeza sobre su regazo.
—
“Si la vida fuera sin decisiones no podríamos avanzar hacia el futuro” —dijo
mientras empezaba a acariciar sus cabellos blancos.
— “Si…” —cerró sus ojos rojos al sentir
las manos de ella sobre su cabeza— “cambiaría
todo por vivir así contigo, no me arrepiento” —levantó su cabeza y
observando los hermosos ojos celestes de la chica, dijo— “la primera vez que te encontré agradeciste por salvarte, ahora soy yo
quien te da las gracias”.
—
“¿Porque?” —inquirió con curiosidad.
— “Porque el encontrarte fue mi salvación,
esa salvación que tanto anhelaba por cientos de años, tu pureza e inocencia y
ese sentimiento que tienes hacia mi, hace que el seguir extiendo tenga un nuevo
objetivo”.
—
“Así, ¿cuál?”.
— “El amarte y ser solo mía” —se inclinó
hacia ella sujetando su mejilla y tocando sus labios para luego sentirlos junto
a él, ella estaba sonrojada por el contacto, sin embargo sus manos empezaron a
deslizarse con el ropaje de él, “te amo” —dijo ella recibiendo sus besos y
caricias de la misma forma, los rayos y truenos no interfirió a que ambos unan
su amor, le encantaba ver su mirada escarlata llena de ternura y afecto hacia
ella y la delicadeza como la trataba, sus dedos se entrelazaron con las
pequeñas garras de él esa noche.
El
vinculo estaba realizado y consumado, ya no importaba lo que sucedería después,
él estaba feliz al igual que ella y lo fue aún más a las pocas semanas de
convivir juntos, cuando le dio la noticia que iba a ser padre, éste se acercó a
ella besándole su mano y acariciar sus labios con sus dedos. “Eres el ser que más amo y junto a mi hijo,
formaré la familia que eh soñado, los cuidaré y protegeré por siempre” —ella
le abrazó y sonrió diciendo— “soy muy feliz, Sei”.
Las
nuevas costumbres y las necesidades que ella tenia, lo hacían ausentarse para
conseguir alimentos, no había dejado de ser un demonio con menos fuerza que
antes y aunque ya no consumía almas, asesinaba a animales del bosque para
calmar su propia naturaleza, los meses habían pasado tan rápido y una hermosa
niña había nacido, tenia los ojos rojos como los de su padre y los cabellos
castaños y la encantadora sonrisa de su madre. Era mitad humana y mitad
demonio. Una rara especie a la que amaba con toda su alma. Sin embargo, las
cosas en el reino no iban bien, su hermano había heredado el trono de su padre
y ahora desolaban pueblos y ciudades enteras, las guerras habían comenzado y
los enfrentamientos de ambos bandos eran inevitables, el olor a muerte estaba
por todos lados y aunque su poder había disminuido estaba alerta, por la ira de
su hermano, sabia que nunca estuvo de acuerdo con que él se relacione con la
mujer que pudo ser su victima en aquel entonces. Había empezado a construir una
cabaña por otro sitio cercano a donde se encontraba.
Sin
embargo, el olor a sangre fresca hizo que vuele con rapidez de regreso y
encontró a su hermano menor, incendiando la cabaña y entre sus garras sostenía
el brazo de su amada, este se preparaba para hacerla pedazos, ella sollozaba de
angustia no por su vida, sino por su bebe el cual estaba dentro entre las
llamas.
— “¡¡¡¡NOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOOO!!!!” —gritó
con fuerza cortando con fuerza las garras de Zeng las cuales habían atravesado
el brazo izquierdo de la chica, dejándola caer con la sangre salpicada en el
suelo.
Los
ojos rojos destellaron rabia contra los verdes, mientras sujetaba a la chica cauterizando
su herida con su flama azul, “no te
muevas, iré por nuestra hija”, la niña solo llevaba dos días de nacida y la
cabaña ardía en llamas.
—
“¡Esa niña morirá al igual que esa mujer a la que debí matar hace meses!” —
murmuró el de cabellos alborotados sintiendo el sabor en su boca.
— “¡¡¡SI TOCAS A MI FAMILIA TE MATARÉ!!!”.
—
“No estoy interesado en ti hermanito, solo en esa humana y su mocosa”.
— “¡¡¡EL ATACARLES ES LO MISMO QUE ESTAR EN
CONTRA DE MI DECISIÓN!!!” —gritó— ¡¡¡ACASO
ENLOQUECISTE!!!”.
—
“Recuerdas mi amenaza Sei, ¡juré ver tu rostro cuando esa mujer muera y ese día
ha llegado!”. Ambos se preparaban para pelear, mientras que las llamas seguían
avanzando, no había tiempo, “iré por mi pequeña” —pensó ella cuando se dispuso
a querer ingresar, pero se detuvo al ver a su bebe en brazos de otros dos
sujetos. Los ojos de ella se dilataron al escuchar el llanto. “Creo que cambié
de planes hermanito” —su sonrisa se estiró al ver los ojos de impotencia de
este— “si intentas atacarme, la niña morirá” —comentó Zeng ante la palidez de
su hermano.
— “¡¿QUÉ ES LO QUE QUIERES?!” —preguntó
con furia al ver que no tenia opción, ya que Zeng no duraría en darle ordenes a
sus subordinados para acabar con la bebe.
—
“Es simple”, se cruzó de brazos en una roca, “la vida de esas dos miserables
humanas por la tuya”.
—
“¡¿QUÉ?!” —respondieron ambos al unísono.
—
“Así es, quiero que regreses a nuestro mundo y ocupes el trono que padre dejó
para ti y el cual odio por que no puedo divertirme como antes” —hizo una pausa—
“si haces eso, les perdonaré la vida miserable que llevan” —sonrió— “¡es una
genial idea!” —se acercó unos metros. “Pero debo decirte que una vez que
regreses a nuestro mundo, tus visitas a su lado serán restringidas a totalidad
al igual que tus recuerdos donde estés con esa mujer serán eliminados de tu
memoria, esa es la segunda regla que padre dejó pensando en que tu algún día
regreses”.
Una canción que es más que lágrimas
toma esa tristeza que llena de pena
— “¡Maldición!” —apretó sus puños y
observó a su mujer sollozante y presa del miedo— “sabía que esta vida que llevaba junto a ella era un hermoso sueño, que
algún día terminaría por esfumarse” —pensó y un nudo en su corazón se formó,
por que las cosas tenían que acabar de esa manera, si el no accedía Zeng las
mataría en fracción de segundos— “esta
bien…” —comentó con pesar— “iré
contigo y de regreso al reino, pero antes devuelve a mi hija con su madre, por
favor”.
el mundo
no creo que pueda cambiar fácilmente
derritiéndose silenciosamente en la obscuridad
derritiéndose silenciosamente en la obscuridad
camino y camino tratando de llegar a la verdad
—
“Lo haré cuando nos hallamos ido, así que despídete de una vez antes que cambie
de opinión”.
Sei
se acercó a ella pidiéndole perdón por lo ocurrido, el hecho que haya salido
lastimada era su culpa y mencionó suavemente— “recuerdas que una vez visitamos la cascada”.
—
“Si” —respondió ella sabiendo que era la última vez que le veía.
— “Estaba preparando nuestra nueva cabaña en
ese lugar era una sorpresa por el nacimiento de nuestra hija, pero creo… que no
estaré para verla crecer” —la abrazó y acarició sus labios con su mano y
pequeñas garras— “antes no quise conocer
tu nombre por que sabiéndolo podía romper el vinculo entre ambos…”.
incluso si lo hago lentamente, me podré acercar
la sombra en un sueño de esa persona que yo amo
la forma del amor que yo eh soñado
eternamente continuaré buscando
la sombra en un sueño de esa persona que yo amo
la forma del amor que yo eh soñado
eternamente continuaré buscando
—
“Nuestro vinculo nunca se romperá Sei, no mientras tu lo desees” —le sonrió
mientras múltiples lágrimas desbordaban sus ojos celestes— “la mujer a quien algún
día amaste y a la cual te correspondió dándote una hermosa hija se llama Am”.
Observó a lo lejos a su pequeña mientras lloraba, “ella aun no tiene un nombre,
quisieras dárselo por favor, será el mejor regalo que tendrá de su padre”.
— “Am…ai…. Sei Xing… Amai Sei Xing, ese será
su nombre completo. Am por su madre, Sei por su padre, Ai es amor y tu
apellido, es la combinación perfecta para ella, su nombre completo tendrá el
valor y el último deseo de su padre,
“con el amor de sus padres”, mi preciada hija y amada Am, aunque no les
recuerde al entrar a mi mundo, sepan que una vez las amé y di todo por ambas”.
Le abrió su mano dándole una gema, “entrégaselo
cuando llegue el momento”.
—
“Cuando llegue el momento…” —repitió ella como si la respiración se cortase.
— “Son los mejores recuerdos que tuve con su
madre guardados y sellados hasta que su lado humano desaparezca”.
por ti querido
es algo que yo debo hacer
quizás es que yo no te eh amado
pero incluso si es eso, quiero estar contigo
toma esta tristeza que llena de penas
quizás es que yo no te eh amado
pero incluso si es eso, quiero estar contigo
toma esta tristeza que llena de penas
—
“Eso quiere decir que…” —murmuró casi sin creerlo.
— “Ella lleva mi sangre por sus venas Am,
cuando cumpla la mayoría de edad en el ciclo humano, su poder de demonio irá
despertando”.
—
“¡¡Oye Sei!!, ya me cansé de escuchar a esa mocosa y sus chillidos, apúrate
o…”. sus ojos verdes se abrieron de lo que observaba y su boca se abrió como si
no pudiese creer lo que veía. Era su hermano mayor dando un cálido beso a la
humana.
el mundo esta cambiando
da vueltas
el mundo esta cambiando
en el final del mundo
para enviar amor y unirnos
mi sueño
da vueltas
el mundo esta cambiando
en el final del mundo
para enviar amor y unirnos
mi sueño
— “Gracias por amarme, perdóname… adiós…”
—le dijo apartándose de ella, su corazón de él se hacia pedazos al dejarla sollozando
y avanzó con su hermano, “devuelve a la
niña con su madre” —comentó viendo a poco metros el rostro de su hija por
última vez.
—
“Si, si” —aseveró con una vena en la cabeza e indicando a los dos que devuelvan
a la infante. Una vez que le entregaron a la niña este desapareció entre
vientos sin dejar huella alguna.
—
“¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡¡Seiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiiii!!!!!!!!!!!!!!!!!” —gritó su nombre y rompió en llanto al igual
que su hija la cual sostenía en su brazo derecho, como si una parte de ella
hubiese muerto, como si la pequeña sintiera que nunca más volvería a ver el
rostro de su padre. El hecho de haberlo conocido y vivido juntos por casi un
año, había sido como un sueño, el cual había terminado, tenia que afrontar la
realidad y no dejarse abarrotar por el dolor que en esos momentos sentía. Su
hija la necesitaba observó a la pequeña después de unos minutos de silencio ya
calmada y le dijo— “bien Amai Sei Xing” —dejó de llorar y se levantó con el
único brazo que le quedaba, “vayamos a la nueva cabaña que papá construyó para
nosotras”. El viento y las cenizas de la que un día fue su hogar con el ser que
amaba se caían a pedazos frente a sus ojos, ya la hemorragia de perder su brazo
izquierdo había sido cauterizada con la flama de él e inició su camino hacia la
cascada.
— “Nadie
conoce el destino después que este ha comenzado…” —comentó una joven de
cabellos castaños en medio de la penumbra, había despertado de un largo sueño,
no se había percatado del pasar del tiempo, sin embargo sus ojos celestes se
llenaron de esperanza, “que gratificante fue ver tu rostro, aunque
sólo sea entre sueños Sei… y mi amada
hija…” —luego se sujetó su cabeza con desesperación y temor a la vez, diciendo—
“quiero
verlos…” —cerró sus ojos y observó a través del cristal. “Solo
debo confiar en que mi pequeña pueda llegar a mi algún día, ese fue uno de sus
deseos” —sonrió— “quien iba a pensar que harías lo mismo con
tal de salvarle, ese sujeto y tu se parecen… sin embargo tu conservaste la
cordura hasta el final…”.
Cerca
de aquella cascada, en la aldea, una familia le daba la bienvenida a su hijo,
quien había llegado de las guerras junto su nieto en brazos y esposa quien
tenia pocos meses de gestación, sus padres estaban felices de verle a ambos con
vida y sanos. Las botellas de sake fueron expuestas en el pasillo, donde padre
e hijo conversaban y bebían, mientras el menor dormía y la mujer de cabellos negros
platicaba con la madre de éste en otro ambiente de la casa.
—
“Mi nieto dentro de poco podrá heredar las viejas escrituras de la familia Ho” —comentó
la anciana.
—
“Si” —asintió la esposa— “este pequeño” —dijo acariciando sus cabellos negros
de su primogénito que ya tenia cinco años de edad— “es mi alegría” —sonrió.
En
el corredor bajo el brillo de la Luna el viejo Cheei le hablaba de trabajo a su hijo en la administración dentro
de la sala de los ministros y de paso le recordó la antigua tradición. Su clan
debía tener la ceremonia del heredero cuando este cumpla los 17 años, éste izó
una copa de sake mientras decidían el futuro del niño.
Las
decisiones siempre estuvieron impuestas por la familia, el infante cuyos ojos
eran como dos gotas de agua llenos de vida y al mismo tiempo prisioneros del
espacio que lo rodeaba. Su madre En-Jie lo amaba y le educaba feliz mientras
cuidaba de su gestación. Dejando que su hijo salga a explorar por los
alrededores, le observaba por la ventana mientras ella ayudaba en la casa a la
madre de Cheei.
El
niño cuyo nombre era Zhi que significaba “sabiduría” en Chino, le gustaba hacer
figuras con las piedras pequeñas que encontraba en la orilla del rio. Esa
costumbre se complementó años más tarde cuando nació su hermana quien tenía el
mismo reflejo que su madre. Su padre era el modelo que él tenía en carácter y
su madre siempre se reía al notar la semejanza. Sin embargo, ya tenía 10 años y
después de estudiar los libros del viejo almacén y sus lecciones que recibía
todos los días, escogía un libro y se iba por la orilla del rio a leer, nada
mejor que el aire fresco y la tranquilidad que la naturaleza le ofrecía. Al
acomodarse sobre una roca un ruido extraño llamó su atención aquella tarde.
Ese
sonido que había comenzado como un murmullo se había convertido en una melodía,
que danzaba con el viento y Zhi se levantó de donde estaba, tomó su libro, “¿alguien… esta cantando?...” —pensó—
mientras caminaba en busca de esa voz.
A medida que empieza a recorrer
Un anhelo dentro de mí
En mi pecho pongo mi mano
Y tu nombre puedo recordar.
— “¿Dónde?... ¿dónde esta?...” —observaba
por todos lados pero solo podía escuchar aquella canción más notable.
El futuro nos puede reunir
Así como nos separo
Mientras haya un sentimiento
Y tu cara sonriente pueda ver
Mi corazón vacío es lo que quedo
Al
ver que no encontraba a quien emitía la canción —pensó— “es como si el viento cantase con mucha tristeza”. Observó al cielo
y sus ojos plomos claros se abrieron desmesuradamente al ver que en lo alto de
los arboles estaba una niña de unos 8 años sentada observando el atardecer
mientras cantaba con melancolía.
Donde te puedo encontrar solo veo oscuridad
En un lejano lugar perdida estoy yo
Aunque el miedo me llene
Te envío esta flor
que tiene guardado un mensaje para ti
Un precioso jazmín nos vigila a los dos
Fuerte sentimiento debe proteger
Tu cara no cambies, no olvides por favor
Todo el tiempo por siempre yo te recordare
— “Es una canción muy hermosa para que una
niña la cante con tanta tristeza…” —pensó y vio que su cabello largo el cual
ondulaba con el viento dejó ver las lágrimas en su rostro infantil. “¿Porqué estas llorando?…” —comentó sin
darse cuenta.
Al decir eso, la
niña dejó de cantar y volteó a verle y la mirada roja con la clara se cruzaron
y ésta se asustó cayendo de lo alto hasta sujetarse de una rama a tres metros
del suelo.
— “Suéltate, yo te sostendré para que no
caigas al suelo” —dijo al verla que pronto se daría un buen golpe al caer.
—
“¡NO!” —respondió huraña— “¡YO PUEDO SOLA!”.
— “Como digas” —se cruzó de brazos al verla
muy enojada— “solo quise evitar una caída
dolorosa…” —escuchó un ruido y al voltear a ver, ella estaba con gesto de
dolor, le surgió una gota al terminar su frase ya que era demasiado tarde, ella
había caído al suelo. Se acercó y le dijo— “Ah…
vaya que eres terca, si hubieras aceptado mi ayuda no estarías lamentándote
ahora”.
—
“¡YO NO ME LAMENTO!” —respondió mientras intentaba ponerse de pie pero su
tobillo estaba raspado y le dolía.
Zhi
suspiró al ver que no lograría nada siendo cortés, pero lo intentaría por
última vez, así que se aproximó a donde estaba y le extendió su mano, “vamos, toma mi mano, yo te ayudo” —sonrió.
Ella
abrió sus ojos rojos con asombro y le dijo— “¿acaso no tienes miedo de mis
ojos?, la gente huye siempre al verme…. ¿por qué tu no lo haces?”.
— “Porque yo soy diferente a los demás” —sonrió—
“para mi no existe ningún tipo de distinción
o diferencia por uno o un grupo de personas, al final todos somos iguales,
somos humanos pero con características diferentes”.
—
“Es lo mismo que dice mamá…” —asintió.
— “Ella tiene razón, ahora déjate ayudar”,
le extendió su mano de nuevo.
—
“Mmmm esta bien”. Mientras caminaban ella le dijo— “¿y por qué me espiabas
cuando cantaba?”
— “Ah… es que creí que era el viento o algún
espíritu del bosque quien cantaba… pero cuando me di cuenta ya era demasiado
tarde” —comentó.
—
“¿Demasiado tarde?” —repitió ella.
— “Es que escuché tu canción y vi como
llorabas, por eso… disculpa por causarte esa caída, yo te asusté…”.
—
“Si y… ¡VAYA SUSTO QUE ME DISTE!” —frunció el ceño.
— “Puedo preguntar, ¿por qué llorabas?”.
La
niña quedó en silencio, se soltó de su brazo y le observó nuevamente enojada. “¡ESO
NO ES DE TU INCUMBENCIA!, ¡PREOCÚPATE POR LOS TUYOS Y DÉJAME EN PAZ!” —comentó y
se fue cojeando, perdiéndose de vista entre la maleza.
— “Que genio tiene…”, le surgió una gota.
Caminó de regreso a su casa donde la alegría de su hermana le recibió.
—
“¡Hermano!” —dijo mientras corría a su encuentro.
— “¡Yu!”, se inclinó para recibir el cálido
abrazo de su pequeña hermana, “ya estoy
en casa”.
—
“¡Que bien!” —sonrió— “mamá estaba buscándote hace poco, dijo que tenia
noticias de papá”.
— “Oh, enseguida voy” —alzó entre sus
brazos a su hermana y la llevó dentro de su casa para conocer las nuevas
ordenes de su padre.
En
la cabaña al pie de la cascada, la niña había terminado de llegar y al abrir la
puerta encontró a su mamá preparando la cena.
—
“Mamá” —dijo ella con una sonrisa— “ya estoy en casa”.
—
“¡Hija pero que te pasó!”, se inclinó a ver su tobillo estaba hinchado, “otra
vez te caíste”.
—
“Si jajajaja ya sabes lo torpe que soy”, le surgió una gota por que no era
cierto, eso fue producto del susto que le causó ese niño según ella, “no- no te
preocupes mamá, en unos días se me pasa, mientras eso estaré a tu lado para
ayudarte”, siempre salía por el bosque para recoger los implementos que la
autora de sus días necesitaba, tenia un solo brazo, sin embargo se esforzaba
mucho para atender una tienda en la aldea por las mañanas y en las tardes
regresaba a la cabaña.
—
“Mi pequeña Amai” , le sujetó sus manos blancas, “eres lo único y realmente
valioso que tengo en esta vida, promete que debes tener más cuidado por favor”.
—
“Si, lo prometo” —sonrió— “ahora te ayudaré con la mesa y la comida” —sus ojos
rojos brillaron por que tenia mucha hambre, “tu quédate sentada, ya has hecho
mucho por hoy jajajaja”.
Su
madre sujetó la mano de su hija diciendo— “ayúdame con la mesa y los cubiertos,
por que si te encargas de la comida, creo que desaparecería en pocos segundos”.
—
“Claro, mi estómago estaría haciendo la digestión como debe de ser al tener los
alimentos en su interior jajajajaja”.
—
“Sacaste mi sentido del humor hija” —sonrió. Al empezar a cenar, la niña empezó
a preguntar…
—
“Mamá… ¿en qué me parezco a papá?”
—
“Tienes sus ojos y en el fondo su temperamento” —respondió sonriente.
—
“Pero si yo tengo los ojos igual a papá, él también fue rechazado por la gente
del pueblo así como lo hicieron conmigo…”.
—
“No hija, él era diferente, nadie lo rechazó” —comentó y a la vez pensó— “era
al contrario la gente le tenia miedo o al menos eso pensaba él”. Observó a la
pequeña y dijo– “si la gente de la aldea se comporta así es por que no te
conocen hija, si lo hicieran sabrían lo hermosa y tierna que eres”.
La
pequeña miró su plato en silencio y preguntó— “mamá, ¿porque papá no regresa de
su viaje?, incluso canto esa canción que tu a menudo entonas pero el no viene,
¿acaso se olvidó de nosotras?...”.
—
“Él no nos ha olvidado Amai, sé que en algún lado está y mientras él siga con
vida, nosotras debemos ser fuertes y no perder la esperanza que algún día
volvamos a verlo”.
—
“Si… mientras eso, yo seguiré llamándole con la canción de mamá, ¡fuerte!, ¡¡¡muy
fuerte!!!, para que donde quiera que este él logre escuchar mi voz y así
regrese a casa” —sonrió.
—
“Si” —sonrió y continuó cenando– escuchando lo entusiasmada que su hija estaba,
sumergiéndose por unos segundos en sus pensamientos, “aun no quiero pensar en
lo último que él dijo sobre cuando culmines tu ciclo como humana hija mía, pero
supongo que será inevitable hacerlo algún día…”.
En
casa de la familia Ho, el pequeño revisaba los documentos que su papá le había
enviado, tenia buena instrucción y ya dominaba los lenguajes de los pergaminos
y manuscritos de sus abuelos y antepasados. Las horas transcurrieron y terminó
dormido en medio de todos los papeles. Su madre entró y lo llevó en sus brazos
a su alcoba, sabia que tenia mucha responsabilidad bajo su mando por ser el
futuro heredero de la familia, pero sea como sea el aún era un niño de 10 años
y necesitaba distraerse y jugar como los demás, al menos eso le tenia permitido
aunque ya su abuela le había mencionado en más de una ocasión que no debería
dejarlo jugar por que descuidaría sus responsabilidades. Eso le había
disgustado y no estuvo de acuerdo, era su hijo y le importaba que éste sea
feliz por sobre todas las demás cosas.
— “Déjate ayudar… no seas terca…” —balbuceaba
dormido con el ceño fruncido.
—
“Estas soñando y a la vez discutiendo, que extraño…” —comentó su madre saliendo
de la habitación.
Esa
noche Amai acostó a su mamá, quien se sentía muy cansada, observó el vendaje
que le había colocado y sentía impotencia no poder ayudarle en la tienda. Después
de recibir aquel golpe con esas piedras en su rostro por otros niños hace años,
su mamá le prohibió ir al pueblo, no quería que salga lastimada. Pero cada día
la notaba más cansada y con semblante pálido, “debo pensar en algo para
ayudarle… mmmm…. Pero, que puedo hacer para que las personas no logren ver mis
ojos, mmmmm…… y si me disfrazo de fantasma… ” —le surgió una gota, la idea que
tenia de fantasmas era sobre los cuentos que su mamá le había escenificado
entre juegos– “no, no, no, es mala idea…pero, puede que funcione”. Quedó
dormida observando la luna desde su cama y murmuró— “papá… dame alguna idea…
para poder ayudar a mamá…”.
El
reflejo del sol anunciaba el nuevo día, la niña se había levantado temprano,
preparó el desayuno como era su costumbre y luego ayudaba con las cosas a su
madre hasta cierto tramo del bosque lejos de las demás personas y niños.
—
“Mamá… encontraré la forma de ir contigo mañana” —pensaba y apretó sus manos
mientras sus ojos rojos brillaban. No se daría por vencida, así que se fue a la
cabaña y en sus cobijas sacó una sábana y se la colocó sobre su cabeza, y dijo—
“mmmm no…”, se lo bajo por su cuello tapando un ojo, “mmmm tampoco…”, se lo
coloco con unos amarres extraños y luego dijo— “si voy así, no veré nada…. ¡¡Ahhhhh!!, ¡¡¡que
puedo hacer!!!.... y si le hago huecos… quizá funcione…”. Salió por el bosque
con la sabana con dos agujeros estilo fantasma y caminando por el rio vio a un
joven de cabellos blancos del otro extremo del rio quien caminaba por el bosque
y sus ojos eran rojos como los de ella, “¡Oh!, será que es papá, ¡si!, ¡debe
ser el!, ¡pudo escuchar mi canción! —tiró la sábana entre las rocas y corrió
por la orilla del río diciendo— “¡¡¡papá!!!, ¡¡¡papá!!!, ¡¡¡papá!!!... porque
no me escuchas…” —se detuvo empezando a sollozar. La luz del sol se hizo más
fuerte y este desapareció en fracción de segundos. “Porque… se fue, ni siquiera
volteó a ver que le llamaba…”. Se limpió sus lágrimas con sus manos pequeñas,
“si papá no me escuchó fue por la distancia del rio, seguro fue por eso, debo
cantar más fuerte, muy, ¡muy fuerte!, para
que el encuentre el camino a casa, ¡si eso haré!”.
A medida que empieza a recorrer
Un anhelo dentro de mí
En mi pecho pongo mi mano
Y tu nombre puedo recordar.
El
niño de cabellos negros quien había regresado al almacén, puedo escuchar el eco
de aquella voz a lo lejos, pensó– “es esa niña otra vez esta cantando…”,
cerrando su libro salió de ahí y se internó en el bosque.
El futuro nos puede reunir
Así como nos separo
Mientras haya un sentimiento
Y tu cara sonriente pueda ver
Mi corazón vacío es lo que quedo
— “Oye niña, no crees que tu canción es
demasiado fuerte, lastima mis oídos” —comentó observándola en la cima de un
árbol, “te vas a matar cualquier día
desde esa altura”. Alzó una ceja al ver que ella seguía cantando sin
detenerse, “¿acaso no me escucha?” —pensó.
Mientras notó que su melodía ya no era melancólica como ayer sino transmitía
varias emociones juntas.
Donde te puedo encontrar solo veo oscuridad
En un lejano lugar perdida estoy yo
Aunque el miedo me llene
Te envío esta flor
que tiene guardado un mensaje para ti
Un precioso jazmín nos vigila a los dos
Fuerte sentimiento debe proteger
Tu cara no cambies, no olvides por favor
Todo el tiempo por siempre yo te recordare
—
“Papá…, escucha mi canción, si” —sonrió mirando el firmamento y al bajarse de
rama en rama del gigantesco árbol vio que en el suelo estaba aquel niño de
brazos cruzados y con gesto de molestia. “¡Oh no!” —pensó y se quitó los dos
migajas de pan en los oídos– “¿acaso intenta agredirme como los otros niños?”. Al bajar al suelo sujetó su sabana con dos
agujeros que había dejado entre las rocas y se echó a correr.
— “Oye niña, ¡¿porque corres?!” —dijo Zhi
al ver que ella huía de él.
—
“¡DÉJAME EN PAZ!, ¡ALÉJATE!” —volteó a protestar sin darse cuenta que un árbol
estaba a pocos metros de ella.
— “¡Cuidado el árbol!” —comentó demasiado
tarde ya que había quedado abrazada el árbol. “Aushhh eso debió doler…”.
—
“Hay mi cabeza…” —se sujetaba las cienes, mientras veía que 3 niños se
acercaban– “no, por favor, no me hagan daño” —colocó sus manos sobre su cara.
— “De que hablas, nadie te va hacer daño”
—dijo logrando llegar al pie de ella mientras pensaba— “seguro es por el golpe que vez doble”.
—
“¡¿Ah?!” —observó de nuevo y esos tres niños eran solo uno y era el mismo de
ayer— “porque me sigues”.
— “Porque ignoraste lo que te dije mientras
cantabas” —bufó cruzado de brazos.
—
“No escuche nada, por que tenia mis oídos tapados con pan” —comentó aun
sujetándose su cabeza del golpe.
— “¿Con pan?” —una interrogante surgió en
la cabeza del pequeño.
—
“Si, es que no encontré otra cosa… ¿qué era lo que dijiste y que no escuché?”.
— “Dije que tu canción es demasiado fuerte y
lastima mis oídos” —frunció el ceño.
—
“Hay lo lamento por tus oídos, pero era la única forma de que el mensaje
llegue” —comentó.
— “¿Mensaje?” —repitió.
—
“Si…”. Se acomodó bajo la sombra del árbol y abrazó sus piernas mientras hundía
su cabeza, “un mensaje para alguien especial, alguien que quiero mucho y que quiero
que regrese pronto…”.
— “Oh… seguro que si sigues cantando como lo
hiciste hoy ese alguien escuchará tu canción ya que tu voz es muy fuerte”.
Quiso decir una broma como solía acostumbrar pero quizá se enfade y se vaya.
—
“Si, además no se como puedo ser invisible ante los ojos de las personas,
intenté con esta sábana pero no se me ocurre nada bueno, hasta le hice unos
agujeros, mira…”, ella se colocó la tela cubriendo todo su cuerpo y dejando ver
sus ojos rojos por los agujeros.
— “¿Acaso juegas a los fantasmas?, por que si
es así, el disfraz es perfecto” —empezó a reír.
—
“No es un juego” —suspiró— “yo solo
quiero que la gente no pueda ver mis ojos y poder ayudar a mamá, pero no se
como ocultar mis ojos con esta sábana…”.
— “Y por que no pruebas esto”, le bajo la
sábana y le hizo un pequeño lazo a la altura de su cuello, “vez, ahora puedes ver y caminar al mismo tiempo que ocultas tu rostro
bajo una capa”.
—
“¡Es verdad!” —se dio una vuelta completa— “gracias” —sonrió.
— “Ahora me debes un favor jajajaja”, una
idea cruzó por la mente del menor.
—
“¿Qué?” —retrocedió la niña con temor a lo que pueda pedirle.
— “Quiero que juguemos antes de que el sol se
oculte” —sonrió y pensó— “ya que mis
tías tienen prohibido que juegue con mi hermana en el bosque solo puedo hacerlo
en casa”.
—
“Jugar…” —dudó— “mmmm… esta bien”.
Empezaron
a caminar por la orilla del rio, “Ahhhh ¡¡peces!!” —se emocionó ella corriendo
a uno dejando al niño sorprendido. “Oye, como quieras que te llames, por que no
cazas uno y lo llevas a casa para tu almuerzo”.
— “No gracias, tenemos una cocinera que se
encarga de ese tipo de cosas”, le surgió una gota, “mi nombre es Zhi Ho y el tuyo?”.
—
“Amai Sei Xing” —sonrió acercándose toda salpicada de agua en su ropa
desgastada– “gracias por lo de hoy Zhi, por fin mañana podré ir al pueblo y
ayudaré a mamá sin preocuparme de la gente”.
— “¿Los aldeanos te han lastimado?”.
—
“Si un par de veces tirándome piedras y diciendo cosas feas de mí, por eso mamá
me prohibió ir a la aldea” —comentó mientras sujetaba al pez entre sus manos.
— “Ahora entiendo” —pensó y a la vez dijo—
“¿no haz conocido a otros niños después
de ese incidente?”.
—
“No, tu eres el primero en no tener miedo de mi jajaja eres una persona
extraña”.
— “Lo mismo digo…”. Ambos empezaron a
jugar aquella tarde después que ella hiciera una fogata y almuerce su pez
invitándole a Zhi un poco, dejando otro de reserva para llevar a su casa, “eres como un animalito salvaje”, había
comentado él y ella le respondió– “los animales saben defenderse de quienes
quieren hacerle daño y yo quiero ser como ellos”.
Un
viento helado corrió y el sol se ocultó, Amai se preocupó— “debo ir a casa, mamá
está por llegar”.
— “¡Ahhh!, ¡olvidé que tenia clases en la
tarde!” —abrió sus ojos del susto.
—
“Espero que no sea malo, nos vemos mañana Zhi” —sonrió y se fue corriendo.
— “Si” —alzó su mano— “hasta mañana…”. Estaba preocupado por
lo que le iban a decir en casa. Cuando llegó su mamá tenía la señal de haber
llorado por que tenia los ojos rojos, solo le dijo que su padre había llegado y
lo estaba esperando en la sala. Al ingresar vio que su padre se aproximó unos
pasos y el sonido de su mano resonó con la mejilla del pequeño, cayendo a los
pies de su madre la cual se espantó al ver la escena.
— “Padre…” —mencionó aturdido por la
bofetada que había recibido.
—
“¡Esta es tu respuesta, desapareciendo de la casa y evadiendo tus
responsabilidades con la familia!” —comentó con el enfado en el tono de su voz
y semblante.
— “No evado las responsabilidades de la
familia padre, solo que yo quise jugar un poco y no me di cuenta del tiempo, lo
siento en verdad”, se inclinó en el piso.
—
“Que sea la última vez que sucede, desde hoy tienes prohibido salir de la casa
hasta que cumplas los 17 años.
— “… Si…” —asintió— “no decepcionaré a padre, lo prometo”.
—
“Ahora retírate a tu cuarto que tengo que hablar con tu madre”.
El
niño obedeció y a lo lejos del pasillo escuchó que éste sermoneaba a su madre
sobre su educación e insultaba el trato que había recibido. Cerró la puerta y
se tiro en su cama, diciendo— “lo siento
Amai… creo… que ya no podré jugar contigo en el rio… no quiero que mi madre
sufra por mis acciones, ni decepcionar a mi padre… lo siento”.
En
la mañana siguiente ella decidió acompañar a su mamá utilizando la capa que Zhi
le recomendó y con eso puedo ayudar en las ventas sin ser vista, en la noche
cuando ella se dormía, salía y cantaba en lo alto de un árbol para que su
mensaje llegue a los oídos de su padre. Los años fueron pasando y ya no pudieron
verse, ella por apoyar a su mamá y él instruyéndose en los deberes de su
familia.
El
paso del tiempo habían hecho que su madre ya no pueda ir a trabajar y quedarse
en la cabaña mientras ella buscaba alimentos por el bosque. No podía ir ya con
su capa como cubierta ya que su cabello castaño había crecido mucho, era tan
largo que le rozaba los tobillos y sus orejas tenían una forma extraña.
—
“Mamá… cada día algo nuevo aparece en mi” —comentaba Amai de 14 años— “¿por qué
me pasa esto a mi?, ¿por qué soy diferente a las demás personas?”.
—
“Hija… lo siento” —había comentado la autora de sus días mientras pensaba—
“debo contarte la verdad… por más dura y dolorosa que esta sea…”.
—
“Mamá… no te disculpes, no es tu culpa, soy una mala hija por eso papá no me
escucha, todos estos años le eh cantado con el mismo fervor y amor que tu le
expresabas cuando era una niña, pero te eh mentido madre, pude ver a papá una
vez hace años en la orilla del rio del otro extremo, a pesar que le llamé el ni
siquiera volteó a verme” —se tapó sus ojos— “perdóname mamá por no decir nada
sobre eso, pero creo que papá nunca regresará de aquel viaje…”.
—
“No pierdas la esperanza hija, aunque él no pueda llegar a nosotras, tu si
puedes llegar a él, por que eres su sangre”.
—
“Si” —acomodó bien las cobijas y se marchó, “voy a traer la cena” —sonrió y salió
de la cabaña.
—
“Ya falta poco Sei…, nuestra hija pronto dejará de ser humana, cuando eso pase
le entregaré la gema que me dejaste”.
La
chica había salido a conseguir algo de pescado para comer, sin embargo la luna
era tan brillante, su piel blanca como la nieve rozó las rocas entre sus pies y
no pudo resistir la tentación de una generoso baño, amaba nadar tiró sus ropas
sobre las rocas e ingresó al rio, al abrirlos bajo el agua sus ojos rojos podían
ver la hermosura de aquellas piedras y peces de colores a su alrededor, los
cuales parecían danzar ante cada movimiento que daba mientras nadaba y una aura
azul empezaba a rodearle sin que se diera cuenta.
Los
deberes de su familia lo tenían con demasiada presión y decidió salir por unos
instantes a caminar al jardín, mientras las hojas secas eran levantadas por el
viento entre el suelo. Hacia mucho que no salía fuera del perímetro de la
residencia Ho, se había convertido en una fortaleza muy grande y a la vez su
prisión todo ese tiempo, solo faltaban dos años y la ceremonia de los herederos
se llevaría a cabo. Esbozó un suspiro, estaba cansado y fastidiado de no salir
de aquel lugar, quería ver el bosque a disfrutar de la naturaleza, leer esos
manuscritos y libros bajo la sombra de un árbol o al pie del rio, volver a
jugar con aquella niña Amai, extrañaba su canto y su torpeza. “¿Qué habrá sido de ella?... espero que este
bien…” —pensó, sus flequillos estaban sujetos a la boina que acostumbraba
llevar, decidió sacársela dejando caer los flequillos negros sobre sus ojos
plomos claros, su cabello que estaba sujetado a una cola lo desató y pidió a
uno de los guardias que le presten una ropa menos llamativa para poder salir
aquella noche de Luna llena, necesitaba liberarse de todo lo que le ate a la
familia Ho.
Después
de intercambiar vestimentas se internó en el bosque. Eran casi las 8pm y todo
estaba tranquilo, al llegar al rio observó un resplandor azul en el agua. Le
llamó la atención, cuando notó que alguien estaba en medio del rio haciendo
olas con sus manos jugando y cuando esta giró...
—
“¡¡¡AHHH!!!” —gritó la chica al ver que alguien la observaba en la orilla del
rio y se sumergió.
— “¡Oh!, ¡¡lo siento!!” —dijo el sonrojado
y se volteó.
—
“¡¡¡PERVERTIDO!!!” —gritó ella con su cuerpo bajo el agua y su cabeza flotando.
— “Lo siento, no quise interrumpir su baño
nocturno, disculpe, enseguida me voy” —escuchó que algo salió del agua y
apresuró sus pasos en salir de ahí antes que sea atropellado por la furia de
una mujer. Segundos después el lugar quedó en silencio deteniéndose, volteó a
ver y no había nadie alrededor. “Uf que
alivio ya se fue”.
—
“¿CREES QUE HUIRÍA SIN ANTES DARTE TU MERECIDO?”, se escuchó una voz arriba
entre los arboles. El al observar notó los brillos rojos en medio de la sombra
entre las ramas.
Se
paralizó, “yo eh visto antes esos ojos
rojos como el fuego abrazador, tu eres… aquella niña que siempre se cae de los
arboles… esa niña es…”.
—
“YO NO SOY NINGUNA NIÑA Y YA NO SOY TORPE PARA CAER DE LOS ARBOLES” —levantó su
ceja y comentó al recordar— “el único que me vio caer de los arboles cuando
tenia esa edad era… ese niño… eso
significa… que tu eres… ¡¡¡ZHI!!! —gritó ella con sus ojos más abiertos de la
sorpresa.
— “¡¡¡Amai!!!” —exclamó viéndola como de
un salto cayó de pie ante el. “Por suerte
ya esta vestida” —pensó y le surgió una gota.
—
“¡¡Oh!!, ¡¡eres tú Zhi!!” —le abrazó fuerte— “estoy muy agradecida contigo por
haberme ayudado en esa ocasión” —sonrió.
Este
se quedó inmóvil y su cara esta toda roja, era la primera vez que una chica
aparte de su hermana menor le abrazaba con fuerza, pero la culpa le invadió, “Amai… lo siento…” —se apartó de ella. “Yo… ni siquiera me despedí de ti después de
jugar aquella tarde”.
—
“¡Tonto!, yo tampoco lo hice” —empezó reír y a caminar alrededor de él,
“¡mírate!, te vez todo raro con esas ropas y tu cabello esta igual de largo que
el mío jajajaja solo que el tuyo es negro y el mio canela”. Recordó la cena,
“¡¡¡AHHHHHHH LA CENAAAA!!!, ¡¡¡DEBO IRME A CASA!!!” —empezó a correr y le dijo—
“no te culpes del pasado por que ambos no nos despedimos, pero no te perdonaré
el que me hayas espiado mientras me bañaba si es que no me esperas, voy a darle
la cena a mamá, regresaré en una hora, ¡espérame!”.
Este
levantó su mano para decirle que no iba a estar más tarde, pero solo murmuró— “lo siento…”. Regresó a la fortaleza y
volvió a intercambiar ropas con el guardia mientras él se fue al salón de
archivos, tratando de respirar lo menos agitado posible, nadie se había dado
cuenta que se había escapado por casi media hora, así que todo iba bien y unos
murmullos le llamó su atención, provenían del pasillo contrario a donde estaba
él. Se asomó a ver quienes eran y pudo ver a su padre besando a una de las
empleadas comentando sus amoríos. Eso le enfureció tanto, que quiso matarle con
sus manos, su madre siempre siendo fiel y obedeciendo sus órdenes como él desde
pequeños y él divirtiéndose con las empleadas a sus espaldas. Si fuese el
emperador quizá gozase de privilegios con muchas concubina pero su clan no
tenia tanto dinero o poder semejante. No le importaba nada, el respeto que
tenia por su padre, las obligaciones de la familia y cumplir las tradiciones,
salió desesperado de ahí, sentía que se asfixiaba, no le importó lucir su
vestimenta del clan fuera de la fortaleza, el guardia insistió mucho a la hora
que lo vio salir, pero él se negó y corrió, él amaba a su padre y ahora su
imagen tan intachable se había desmoronado ante sus ojos, llegando al rio y se
arrodilló y vio su reflejo en el agua. “Te
odio padre…” —pensó— “ya no seguiré
tus órdenes, ni las tradiciones, a la cual eh sido instruido desde pequeño, ya
no más…”.
—
“¡Volviste!”, se escuchó una voz detrás de él, “por un momento pensé que no
regresarías” —sonrió.
— “Ah…”, se sorprendió aquella niña que
conoció en su infancia estaba ahí de pie junto a él sonriéndole. “Amai…” —se levantó— “prometo que estaré aquí todos los días”
—sonrió— “no te haré esperar más”.
—
“¡Es una promesa!” —aseveró ella entusiasmada.
— “Si” —respondió. Su mente había estado
en un caos por unos momentos pero al verla el enojo se había disipado. Extendió
su mano hacia ella, “seamos buenos
amigos, ¿porque quieres ser mi amiga o no?” —indagó con temor ya que
siempre estuvo rodeado de sirvientes y no socializaba mucho con los demás, por que
tenia que seguir un entrenamiento como el futuro heredero.
—
“¡Claro!” —respondió ella sonriente estrechando la mano de Zhi.
A
partir de aquella noche un nuevo lazo de amistad cambiaría su vida de él y de
la chica, meses después que su madre En-Jie muriese envenenada por razones
desconocidas, “al menos eso fue lo que
dijeron en la corte” —pensó— pero la verdad era tan cruel… por que
descubrió que había sido su propio padre que había mandado a envenenar a su
madre todo para casarse con una de sus amantes que tenia un rango mayor. Conociendo esa verdad, ya poco le
importaba las tradiciones familiares, lo único que le eran valioso era su
hermana menor Yu y Amai, su amiga, a quien le gustaba hacerle bromas, era muy
dulce, amable e inocente en ciertos aspectos y le encantaba escuchar aquella
canción que entonaba con gran anhelo para su padre —eso era lo que ella le comentó uno de esos
días que se sentía muy triste.
“En el momento
de aquella revelación de Amai al no conocer a su padre y yo al tener uno que
era alguien despreciable, sentí un poco de envidia, hubiese preferido no
conocer al mio, antes que vivir toda esta horrenda realidad” —suspiró— “sin embargo, no se como sucedió… pero sin
darme cuenta… ella se había vuelto alguien importante, no solo como amiga si no
como una mujer” —sonrió con un leve sonrojo en su rostro sumergido en sus
recuerdos. Se encontraba en la orilla del rio, donde hace más de un año le
había prometido estar ahí a la misma hora para ella, sujetó una flor entre sus
manos y con nervios pensaba— “que clase
de respuesta me dará, cuando le confiese que no solo me gusta… sino que quiero
que sea mi compañera para toda la vida…” —observó las estrellas y comentó— “espero que no sea una respuesta
desagradable”.
—
“¡Zhi!” —murmuró su nombre mientras corría hacia donde estaba él— “perdón, por
llegar tarde” —sonrió.
— “Ya estoy acostumbrado” —respondió con
gesto cómico.
—
“Y, ¿esa flor?” —preguntó.
— “Ah…eh… bueno… es para ti” —se sonrojó
al extender su mano y entregarle la flor.
—
“Gracias, aunque no entiendo por qué me das una flor, ¿te sientes bien?”.
— “Si estoy bien” —sonrió y le tomó de su
mano— “Amai… tu…me…” —comenzó a
balbucear algo mientras articulaba palabra, estaba muy nervioso y de pronto
ella le giró su mano señalando a la aldea interrumpiendo totalmente su
declaración.
—
“¡Mira Zhi!, hoy habrá un festival en el pueblo, si me coloco la capa que me
obsequiaste hace poco podremos verlo, ¡anda vamos!, ¡por favor!, ¡por favor!”,
sus ojos brillaban de emoción.
— “Ah…si, el festival” —suspiró— “iremos al pueblo…”, mientras pensaba— “supongo que encontraré el momento adecuado
para decírselo”. Una idea le pasó por su mente y una sonrisa maliciosa
apareció en su rostro, era momento de hacerle bromas, se lo merecía por arruinar
su confesión, “Amai, recuerdas que la
semana pasada jugamos a cazar peces”.
—
“Si, ¿qué pasa con ello?” —respondió con una interrogante en su cabeza.
— “Escuché decir por los guardias que en el
festival habrán varios juegos similares” –se cruzó de brazos, “¡apuesto que te ganaré!” —sonrió.
—
“¡CLARO QUE NO!” —levantó una ceja— “yo eh practicado desde pequeña eso y tu
eres un principiante contra mi jajajajajajaja”.
— “¡Oh!, si, habla la experta que hace
platica para no ir al festival, creo que tienes miedo de perder ante mi”.
Sabia que le encantaba los retos y más aún hacerla enojar era algo muy cómico.
—
“Perder ante ti, jajajajajaja”, su vista destelló fuego y dijo— “¡JAMÁS!”.
— “Entonces prepárate por que si pierdes
tendrás que pagar un castigo” —sonrió sutilmente.
—
“¡OTRA VEZ CASTIGO!, hace poco perdí por que seguro hiciste trampa y dijiste
que tenia que cantar para ti al menos tres veces a la semana” —alzó una ceja— “¿AHORA
QUE QUIERES?” —cruzó sus brazos con cierto enfado.
— “Un beso” —sonrió y a la vez su rostro
se volvió todo rojo por haber dicho descaradamente eso.
—
“¿Un beso?, ¿qué es eso?, ¿algo de comida o un objeto?”, se quedó pensando en
voz alta, mientras el rostro del chico pasó de un rojo a uno blanco como un
papel.
Se
sujetó su cabeza con su mano por la decepción que había causado su respuesta,
el hecho de que ella no socializara con más personas hacían de su inocencia
algo gracioso y a la vez tener ventaja a enseñarle cosas que ella desconocía. “No te preocupes por el castigo, porque en
su momento lo sabrás…” —su sonrisa se extendió nuevamente al ver la cara de
confusión que tenia ella.
—
“Entonces espérame, iré por la capa, estaré aquí en unos minutos, ¡espérame!” —salió
caminando rápido de regreso a la cabaña.
— “Si, aquí estaré esperándote…” —sonrió
al verla partir muy emocionada y pensó— “yo
siempre esperaré por ti querida Amai, siempre…”.
Los
ojos del joven se abrieron drásticamente al tener aquel sueño, se levantó sintiéndose
ligero corriendo hacia la ventana observando la Luna y dijo— “¿qué
hago en este lugar…?”, luego se asombró al reconocer su ubicación, “imposible…”
—pensó— pero más fue su sorpresa al ver que un sujeto idéntico a él dormía
plácidamente, se observó así mismo y vio que sus manos eran traslucidas
mientras su cuerpo estaba a pocos metros profundamente dormido, entonces
comentó con el rostro lleno de terror— “no puede ser… ¿qué fue lo que pasó?”.
Capítulo VII- Omake I: “La noche del festival”
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